Colombia prohíbe las corridas: pero ¿quién protege realmente a los toros de lidia?
Colombia prohibirá las corridas en 2027, pero miles de toros de lidia enfrentan abandono y riesgo de sacrificio.
La llamada “Ley No Más Olé”, ratificada por la Corte Constitucional de Colombia, establece la prohibición de las corridas de toros, otros espectáculos taurinos e incluso las tradicionales corralejas a partir de julio de 2027. La noticia ha sido celebrada por políticos y movimientos antitaurinos como un triunfo histórico. Sin embargo, persiste una pregunta incómoda que nadie parece querer responder: ¿qué sucederá con los miles de toros y vacas de lidia que aún existen en el país?
Al 13 de enero de 2026 no hay cifras oficiales sobre el número de bovinos de casta brava en Colombia. Se estima, sin embargo, que entre 4.000 y 5.000 animales permanecen en ganaderías taurinas o en manos de comerciantes inexpertos.
Durante los últimos años, los ganaderos han intentado sobrevivir vendiendo toros de lidia para corralejas —que tradicionalmente utilizaban cruces criollos y cebuinos—, pero estas también quedarán prohibidas en 2027. Otra salida ha sido la exportación de reses bravas hacia Perú, Ecuador y, en menor medida, Venezuela. El resultado ha sido un excedente de inventario en estos países, donde hoy es común encontrar anuncios de venta de ganado bravo incluso en redes sociales. México enfrenta un problema aún mayor, con abundante sobreoferta.
Ante este panorama, la opción más probable para muchos ganaderos será enviar grandes cantidades de toros y vacas de lidia a mataderos, destinados a carne de baja calidad. Sus cuerpos más pequeños y musculosos no son apreciados por el mercado, lo que los vuelve "carne de tercera".
La paradoja es evidente: una ley que pretende proteger a los animales no contempla medidas reales para garantizar su bienestar. Sin diálogo con los ganaderos ni planes de transición, los toros y vacas de lidia quedan expuestos a la tragedia del abandono y el sacrificio, como si morir fuera de la arena fuese más aceptable que hacerlo dentro de ella.
Ya se reportan casos de reses bravas en manos de personas incapaces de alimentarlas o de comerciantes que no saben cómo manejarlas. Por eso, la urgencia de construir soluciones es inmediata.
Desde la Reserva del Toro Bravo, hacemos un llamado a los ganaderos a unirse en la creación de un mundo post-taurino seguro y sostenible, que también pueda ofrecer alternativas justas para quienes han vivido de esta tradición. Invitamos igualmente a políticos y movimientos animalistas a sentarse en una mesa de diálogo para evitar una tragedia de proporciones bíblicas.
De no hacerlo, Colombia habrá prohibido las corridas, pero habrá dejado sin protección a los mismos animales que dice defender. Nosotros ya hemos rescatado y protegido a 18 bovinos de casta, que hoy reciben nuestro compromiso, respeto y cariño. Ojalá no quedemos solos en esta tarea.